
Joan Miquel Oliver, compositor de los imprescindibles Antònia Font, sorprendió en su primer disco en solitario, Surfistes en càmera lenta (06), pero donde dio la talla de lo que podía hacer solo fue en el formidable single ‘Sa Nuvia Morta’/‘Hansel y Gretel‘, una auténtica joya. Con Bombón Mallorquín no defrauda las expectativas, pero tampoco lo pone fácil.
Su segundo disco en solitario es una obra repleta de extrañeza, de canciones que no son lo que parecen ser y de recuerdos infantiles y juveniles envueltos en una música que no quiere ser pop, pero no puede evitarlo.
Me explico: el mallorquín ha parido un disco con canciones muy complejas, donde a primera vista no se aprecia el gancho. Están llenas de arreglos minuciosos y de giros inesperados, de toque sorprendentes que casi lo hacen experimental.
Pero, contra lo que pudiera parecer a raíz de esta descripción, Bombón Mallorquín se aferra al subconsciente, tiene la cualidad de que al final las canciones te las sabes de memoria sin esfuerzo y sin que nunca dejen de parecer nuevas. El oyente no tiene la sensación de estar ante un experimento, sino ante un disco peculiar, posiblemente difícil de repetir, pero adictivo.
Sinceramente, cuando oí por primera vez ‘Lego‘ pasé de estar descolocado a estar entusiasmado. Y ésa ha sido la sensación con todas las canciones de este disco con el que, aunque no hable el mallorquín y lo entienda muy por encima, siempre me sorprendo cantando los temas. El poder universal de la música, una vez más. Discazo, con su punto raro, pero discazo.
Sinceramente, cuando oí por primera vez ‘Lego‘ pasé de estar descolocado a estar entusiasmado. Y ésa ha sido la sensación con todas las canciones de este disco con el que, aunque no hable el mallorquín y lo entienda muy por encima, siempre me sorprendo cantando los temas. El poder universal de la música, una vez más. Discazo, con su punto raro, pero discazo.
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